Me encanta viajar. Cada vez que puedo trato de conocer un lugar nuevo, una nueva cultura. Y es que cada ciudad tiene algo que ofrecer. Uno de mis últimos viajes fue al norte de África. Después de varias semanas atareadas en el trabajo, era el momento de tomar un descanso. ¿Mi destino?. Túnez.

 

Después de recorrer los lugares que me habían recomendado decidí explorar Bizerte. Llegué después del mediodía y fui a caminar por la medina. Me llamaron mucho la atención las callecitas empedradas, los arcos que sobre salían y el contraste de colores.  

 

Al seguir caminando, llegué a la orilla del agua. El azul verdoso donde se reflejaban las nubes del cielo, y la combinación de los colores de los barquitos, me maravillaron. Es uno de esos lugares en donde te quedas contemplando la belleza del sitio y te convences de lo increíble que es viajar.

 

A unos cuantos pasos se encontraba el Puerto Viejo. Entré a uno de los cafés y me pedí un té de menta para tomar un descanso. Pude conversar con el dueño del local y resultó ser una persona muy agradable que me contó un poco de la historia de Bizerte. Luego caminé hacia la playa. No podía irme sin ver el atardecer. Me senté en la arena y esperé a ver al sol ocultarse. Definitivamente este ha sido uno de esos paseos inesperados que resultan ser increíbles.  

 

Gabriela – Italia

 

 

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